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sábado, 23 de agosto de 2008

MENSAJE DEL PAC COSTA RICA ES UNA REPUBLICA DEMOCRATICA LIBRE E INDEPENDIENTE

domingo, 10 de agosto de 2008

El caso del magistrado Sosto / Anacristina Rossi

Cualquiera que haya observado cuidadosamente el modo en que nuestra cúpula judicial se comporta, sabía que era imposible que la Corte Plena investigara al magistrado Sosto. Por muchas razones.

En primer lugar, cuestionar al magistrado Sosto siquiera en la forma de una investigación, aunque luego se declarara inocente, abría las puertas para que se suspendieran momentáneamente o se revisaran definitivamente las sentencias de la Sala Constitucional en las que él participó, sentencias quizás vitales para los planes de los Arias y que el ejecutivo y el G 38 probablemente no quieren tocar, pues de tocarse se podría atrasar o atascar su sueño de implementar el TLC. Esta connivencia entre el poder judicial y los poderes ejecutivo y legislativo está inscrita y determinada por la forma del sistema mismo, es decir, porque los magistrados son elegidos en la Asamblea Legislativa por los partidos políticos. Esto es algo que todo país debe evitar. Si se quiere realmente vivir en democracia, los magistrados deben ser elegidos por un cuerpo de jueces totalmente independiente. No es el caso de Costa Rica, obviamente, y nadie parece pensar que esto debe cambiarse.

Pero hay otra razón, igual o más poderosa, que hace muy difícil que el magistrado Sosto, o cualquier otro magistrado, sea investigado por la Corte Plena. Y es la siguiente: el alto poder judicial suele cerrar filas alrededor de sus miembros.

La cúpula del poder judicial, es decir, las cuatro altísimas salas, parecen ser un coto cerrado y vedado de la justicia o para la justicia. ¿No da este encierro lugar a que la gente se haga preguntas? ¿No es acaso inevitable que surjan interrogantes entre la ciudadanía? Por ejemplo: ¿acaso el magistrado Sosto sabe cosas cuya revelación resultaría catastrófica? ¿Cuál es el equilibrio de poder entre las diferentes salas? ¿Hay acaso entre esas cuatro sacrosantas salas -de las cuales algunas no siempre se han plegado al ejecutivo, al menos aparentemente- algunos rabos que podrían ser majados, escándalos que podrían ver la luz? ¿Tiene que ver todo este asunto con el papel que debe jugar la Sala Tercera -Casación- en los casos Fischel y Alcatel? ¿Es porque al ejecutivo no le conviene que se juzguen esos casos, para que Calderón sea candidato en las elecciones del 2010 y así debilitar la oposición? Pero todas esas preguntas tentativas serán vanas hipótesis, especulaciones sin fundamento. La verdad verdadera, la verdad real, como dice el derecho, no se sabrá nunca.

La Corte Plena, esas cuatro altas salas, son el punto intocable de nuestro sistema. Aparentemente son inconocibles. Para tomar las palabras de Plinio el Joven hace dos mil años, son nox omnibus noctibus nigrior densiorque: la noche más negra y más densa de todas las noches.

Corruptos y gloriosos

La tesis que preside este análisis es que la corrupción no es un comportamiento ocasional y aberrante de unas personas o grupos sino el cumplimiento del destino actual del orden económico capitalista. De aquí que no se trate de describir prácticas y usos corruptos sino de profundizar en la condición sistémica del fenómeno contemporáneo de la corrupción. Su efecto más patente, su consecuencia más verificable es el volumen total que representan las actividades conjuntas de la economía, que de manera lata podemos llamar paralela, entendiendo por tal la que generan la economía ilícita y la economía criminal. El contenido principal de la primera lo conforman el fraude y la evasión fiscal; la segunda está constituida por la dimensión económica de las actividades propiamente criminales tales como tráfico de drogas; comercio de seres humanos o de partes de los mismos (tráfico de órganos); robos con violencia; contrabandos y estafas de todo tipo; producción y venta de moneda falsa y en general todas aquellas cuyo objetivo es apropiarse de bienes o productos que tienen un valor por y en sí mismos o que pueden proporcionar una prestación o un servicio de condición ilícita, retribuidos de manera ilegal. Lo que lleva a distinguir entre actividades entera o parcialmente criminales, casi siempre obra de las mafias; y las de las organizaciones criminalizables, que se atribuyen a la delincuencia de guante blanco.

La cuantía económica derivada de ambos sectores, el ilícito y el criminal, es impresionante. A pesar de la extrema dificultad, por razones obvias, de evaluarlo, puede afirmarse, partiendo de las afirmaciones más fiables, que el volumen del dinero negro en circulación supera el 15% del PIB mundial y que la masa dineraria objeto de blanqueo está entre el billón y medio y los dos billones de dólares. Lo que significa que esta realidad económica, al margen de los circuitos de la vida normal de la economía, es ya superior al tercio de la economía legal mundial. Y ello nos plantea la escandalosa cuestión de intentar explicar cómo ha podido llegarse a esta inmensa porquería y como persiste año tras año en estos tiempos de nuestros tan proclamados valores éticos, primacía del derecho y democracia.

Existe un amplio consenso para atribuirlo a muy efectivas determinaciones estructurales y a la ideología económica dominante. Y así la casi total financiarización de la economía, la informatización y los perfeccionamientos técnicos de su tratamiento, en especial en el sector contable; y la generalización de los intercambios informales con el rol dominante de los mercados inmateriales han producido lo que el magistrado francés Jean de Maillard, vicepresidente de la Audiencia Provincial de Orleans, designa en su libro El informe censurado como monopolio legítimo de la ilegalidad. Gracias a él, el Estado se arroga la capacidad de enunciar el derecho y al mismo tiempo transgredirlo, en aquellos ámbitos que considera fundamentales para sus intereses. A estos condicionamientos de naturaleza estructural, se agregan el actual orden geopolítico mundial con la indisputada dominación de la potencia norteamericana y sobre todo la absoluta vigencia del credo ideológico liberal, cuya más acabada expresión económica lo representan los 10 preceptos del Consenso de Washington, formulados por John Williamson, *senior fellow *del IEI de Washington, como quintaesencia en los años ochenta y noventa de la política económica conjunta del Banco Mundial, del FMI y del Departamento del Tesoro de EE UU. Preceptos que pueden resumirse en los tres grandes principios siguientes: libertad total para los intercambios de bienes, capitales y servicios; estricto control presupuestario del gasto público, y una irrestrictiva desreglamentación pública de la vida económica.

Esta entusiasta incitación sin límites ni reglas a intercambiar, negociar y enriquecerse tenía que generar la masa de indecencias con que nos topamos, de las que las publicaciones de la última década sobre los escándalos financieros -Enron, Worldcom, Tyco, Vivendi, Parmalat, BCCI, Citibank y tantos otros- han dado noticia bastante. Sin olvidar los ejemplos extremos de los grandes depredadores mundiales, denunciados por el grupo de expertos de la ONU, creado y presidido por el diplomático egipcio Mahmoud Kassen, entre los que destaca el hombre de los 20 nombres (Victor Bout, Victor Vitali, Victor Sergilov, Victor Butle…) y decenas de nacionalidades, con 19 compañías aéreas y más de 80 aviones, implacable depredador de África, principal responsable del desastre de Congo. Claro que el destape de los escándalos ha tenido graves consecuencias para sus principales promotores y beneficiarios, con presidentes de las sociedades afectadas, no sólo destituidos sino en algunos casos en la cárcel. Pero esto no justifica que algunos responsables del actual orden mundial capitalista como Horst Kohler, director general del FMI de 2000 al 2004, y Kenneth Rogoff, director del servicio de estudios del FMI, se hayan apresurado a hacer una mansa autocrítica con el fin de positivar las capacidades autocorrectoras del sistema. Lo que no parece discutible es que la corrupción autocorregida en sus consecuencias o no, funciona como confirmadora de los grandes propósitos del orden económico dominante. En definitiva, el ejercicio corruptor es la prueba de la eficacia de su funcionamiento: su gloria.

El hombre que nos describió el infierno




Como en la última etapa de su vida se dedicó a lanzar fulminaciones bíblicas contra la decadencia de Occidente y a defender un nacionalismo ruso sustentado en la tradición y el cristianismo ortodoxo, se había vuelto una figura incómoda, hasta antipática, y ya casi no se hablaba de él. Ahora que, a sus 89 años, un ataque cardíaco acabó con su vida, se puede formular un juicio más sereno sobre este intelectual y profeta moderno, acaso el escritor que más tumultos y controversias haya provocado en todo el siglo veinte.

Digamos, ante todo, que su corazón resistiera 89 años las indescriptibles penalidades que debió afrontar -la guerra mundial contra el fascismo, las torturas y el confinamiento de tantos años en los campos de exterminio soviético, el cáncer, el exilio de otros tantos años en el páramo siberiano, la persecución y la censura, las campañas de calumnia y descrédito, la expulsión deshonrosa y la privación de la ciudadanía, el secuestro de sus manuscritos, etcétera- es un milagro de la voluntad imponiéndose a la carne miserable, una prueba inequívoca de que aquella potencia del espíritu para sobreponerse a la adversidad no es sólo patrimonio de los héroes epónimos que glorifican las religiones e inventan las sagas y los cantares de gesta, pues encarna a veces, de siglo en siglo, en alguna figura tan terrestre y perecedera como el común de los mortales.

No fue un gran creador, como lo fueron sus compatriotas Tolstoi y Dostoievski, pero su obra durará tanto o más que la de ellos y que la de cualquier otro escritor de su tiempo como el más desgarrado e intenso testimonio sobre los desvaríos ideológicos y los horrores totalitarios del siglo XX, las injusticias y crímenes colectivos de los que fueron víctimas entre 30 y 40 millones de personas, una cifra tan enorme que vuelve abstracto y casi desvanece en su gigantismo astral lo que fue el miedo cerval, el dolor inconmensurable, la humillación y los tormentos psicológicos y corporales que precedieron y acompañaron el exterminio de esa humanidad por la demencia despótica de Stalin y del sistema que le permitió convertirse en uno de los más crueles genocidas de toda la historia.

Archipiélago Gulag es mucho más que una obra maestra: es una demostración de que, aun en medio de la barbarie y el salvajismo más irracionales, lo que hay de noble y digno en el ser humano puede sobrevivir, defenderse, testimoniar y protestar. Que siempre es posible resistir al imperio del mal y que si esa llamita de decencia y limpieza moral no se apaga a la larga termina por prevalecer contra el fanatismo y la locura autoritaria.

No es un libro fácil de leer, porque es denso, prolijo y repetitivo, y porque desde sus primeras páginas una asfixia se apodera del lector, una terrible desmoralización por la suciedad moral y la estupidez que anima los crímenes políticos, las torturas, las delaciones, los extremos de ignominia en que verdugos y víctimas se confunden, el miedo convertido en el aire que se respira, con el que hombres y mujeres se acuestan y se levantan, y los recursos ilimitados de la imaginación dogmática para multiplicar y refinar la crueldad. Todo aquello viene hasta nosotros a través de la literatura, pero no es literatura, es vida vivida o mejor dicho padecida año tras año, día a día, en el desamparo y la ignorancia totales, sin la menor esperanza de que algo o alguien venga por fin a poner punto final a semejante agonía.

¿De dónde sacó fuerzas este hombre del común, oscuro matemático, para resistir todo aquello y, una vez salido del infierno, volver a él y dedicar el resto de su vida a reconstruirlo, documentarlo y contarlo con minuciosa prolijidad, sin olvidar una sola vileza, maldad, pequeñez o inmundicia, para que el resto del mundo se enterara de lo que es vivir en el horror?

Había en Solzhenitsin algo de esa estofa de la que estuvieron hechos esos profetas del Antiguo Testamento a los que hasta en su físico terminó por parecerse: una convicción granítica que lo defendía contra el sufrimiento, un amor a la verdad y a la libertad que lo hacían invulnerable a toda forma de abdicación o de chantaje. Fue uno de esos seres incorruptibles que nos asustan porque su sola existencia delata nuestras debilidades. Cuando las circunstancias lo obligaron a dejar su amado país -porque lo increíble es que amó siempre a Rusia con la inocencia y la terquedad de un niño, pese a todas las pruebas que su país le infligió- creyó que, en el mundo occidental al que llegaba, iba a ver confirmado todo aquello con lo que, en el aislamiento del gulag y la tundra siberiana, había soñado: una sociedad donde la libertad fuera tan grande como la responsabilidad de los ciudadanos, donde el espíritu prevalecía sobre la materia, la cultura domesticaba los instintos y la religión humanizaba al individuo y fomentaba la solidaridad y la conducta moral.

Como esa visión del Occidente era tan ingenua como su patriotismo, el espectáculo con el que se encontró le causó una decepción de la que nunca se curó: ¿para eso les servía la libertad y la democracia a las privilegiadas gentes del Occidente? ¿Para acumular riquezas y derrocharlas en la frivolidad, el lujo, el hedonismo y la sensualidad? ¿Para fomentar el cinismo, el egoísmo, el materialismo, para dar la espalda a la moral, al espíritu, para ignorar los peligros que amenazaban esos valores cívicos, políticos y morales que habían traído la prosperidad, la legalidad y el poderío al Occidente?

Desde entonces comenzó a tronar, con acento olímpico, contra la degeneración moral y política de las sociedades occidentales y a encasillarse en esa idea utópica de que Rusia era distinta, de que en ella, a pesar del comunismo, y tal vez debido a esos 80 años de expiación política y social, podía venir, con la caída del régimen soviético, ese ideal que combinara el nacionalismo y la democracia, la vida espiritual y el progreso material, la tradición y la modernidad, la cultura y la fe. Lo extraordinario es que, en los años finales de su vida, Solzhenitsin identificara semejante utopía con el autoritarismo de Vladimir Putin y legitimara con su enorme prestigio moral al nuevo autócrata de Rusia y callara sus desafueros, sus recortes a la libertad, sus atropellos políticos y sus matonerías internacionales.

Ahora bien, que se equivocara en esto no rebaja en modo alguno la extraordinaria hazaña política e intelectual que fue la suya: emerger del infierno concentracionario para contarlo y denunciarlo, en unos libros cuya fuerza documental y moral no tienen paralelo en la historia moderna, unos libros sobre los que habrá siempre que volver para recordar que la civilización es una delgada película que puede quebrarse con facilidad y precipitar de nuevo a un país en el infierno del oscurantismo y la crueldad, que la libertad, una conquista tan preciosa, es una llamita que, si dejamos que se apague, estalla una violencia que supera todas las peores pesadillas que han pintado los grandes visionarios de la maldad humana, los horrores dantescos, las atrocidades del Bosco o de Goya, las fantasías sadomasoquistas del divino marqués. Archipiélago Gulag mostró que, tratándose de crueldad, el fanatismo político puede producir peores monstruosidades que el delirio perverso de los artistas.

Yo nunca lo conocí en persona, pero estuve cerca de él, en Cavendish, el pueblecito del estado de Vermont, en Estados Unidos, donde vivió de 1976 a 1994, en el exilio. “Vale la pena que vayas allá sólo para que veas cómo lo cuidan los vecinos”, me había dicho mi amigo Daniel Rondeau, uno de los pocos que consiguió cruzar la casita-fortaleza en que vivía encerrado, escribiendo. Fui, en efecto, y pregunté por él a la primera persona que encontré, una señora que abría a paladas un caminito entre la nieve. “No quiero molestar al señor Solzhenitsin”, le dije, “sólo ver su casa de lejos. ¿Me puede indicar dónde está?”. Sus indicaciones me llevaron al borde de un abismo. Pregunté a tres o cuatro personas más y todas me engañaron y desviaron de la misma manera.

Por fin, un bodeguero me confesó la verdad: “Nadie en la vecindad le mostrará la casa del señor Solzhenitsin. Él no quiere que lo molesten y nosotros en el pueblo nos encargamos de que sea así. Lo mejor que puede usted hacer ahora es irse”. Estoy seguro que todas las banderas de las casas del bello pueblecito nevado de Cavendish flotan hoy día a media asta.

domingo, 13 de julio de 2008

RESPUESTA DE ROMULO VEGA GONZALEZ AL ARTICULO La Suiza que se niega al desarrollo

ROMULO VEGA GONZALEZ


En relación a su artículo "La Suiza que se niega al desarrollo" en La Nacion, sección Opinión, lo único que comparto con usted es que jamás debió Costa Rica llamarse la Suiza Centroamericana pues aparte de ser naciones pequeñas y montañosas no encuentro otros puntos de comparación.

Costa Rica abolió el ejército pero en este gobierno se ha enfatizado la preparación de policías antimotines, de los que van contra el pueblo y no lo protegen. Por otro lado quiero aclararle que Suiza cuenta con un ejército para salvaguardar la independencia del país y garantizar la seguridad dentro de Suiza. A estas funciones se suman ahora la promoción de la paz en un contexto internacional y la ayuda humanitaria después de las catástrofes naturales. El servicio militar es obligatorio para todos los hombres sanos. Las mujeres pueden ser voluntarias en la gran mayoría de las unidades y los objetores de conciencia pueden cumplir un servicio de reemplazo de interés general que es una vez y media más largo que el servicio militar. Suiza es un país neutral y Costa Rica apoyó la guerra de Irak por presiones externas.

Suiza posee un sistema de gobierno muy particular que se diferencia de muchos vigentes hoy día, al que se le conoce comúnmente como democracia directa, aunque es más bien una democracia semidirecta. Se han convocado referendos sobre las leyes más importantes desde la constitucion de 1848. Cualquier ciudadano puede oponerse a una ley que haya sido aprobada por el parlamento. Si es capaz de recoger 50.000 firmas contra dicha ley en cien días se ha de convocar un referendo a nivel nacional en el que los votantes deciden por mayoría simple si aceptan o rechazan la ley. Además que puede solicitar que se adopte una decisión sobre una enmienda que quiera hacer a la constitución. Para que tal enmienda prospere, tiene que recoger 100.000 firmas en dieciocho meses. Luego de esta vasta explicación del estilo de gobierno suizo recalco que ese tampoco es un punto de comparación, pues en Costa Rica tenemos una fusión de poderes y lo que fue el único referendum que se ha llevado a cabo e la historia, fue totalmente manipulado por el gobierno, convirtiéndose en un frauderendum.

Como ambientalista le refuto completamente. Nadie está en contra del desarrollo siempre que sea sostenible, en armonía con la naturaleza. ¿Habrá escuchado del calentamiento global y como deberíamos estar cambiando el estilo de vida para mitigarlo? Desapruebo a quienes destruyen los recursos naturales, sea costa, selva, bosque, montaña. Guanacaste, al igual que otras zonas del país está sufriendo: daños ecológicos, falta de agua, aumento de pobreza para los originarios. En épocas de crisis mundial disminuirá el turismo. ¿Se ha preguntado usted que vamos a comer si la mayoría de las tierras productivas han cambiado su uso? El plan regulador de la zona Chorotega no protege en mi opinión lo suficiente. Ya está tan saturado al punto que no saben que hacer con la materia fecal que generan los hoteles y la envían en camiones buscando descargarla en otros sitios.

En cuanto a la altura de los edificios pareciera olvidar que vivimos en un país altamente sísmico. ¡El fondo está sobre la forma! ¿Cómo puede hablar de limitación estética de edificios tipo rascacielos y referirse a la sombra "putrefaciente" de los árboles del centro de San José? Los árboles combaten la contaminación. París es una de las ciudades europeas menos contaminadas gracias a ellos. El crecimiento debe ser moderado, sea horizontal o verticalmente. Jacó, Tamarindo, Sámara, etc donde la prostitución y drogas van ligadas con la mafia son apenas algunos ejemplos de ese tipo de desarrollo.

Lamentablemente hay colinas invadidas de tugurios pues esa gente no tiene opciones para comprar una propiedad. Las desarrolladoras inmobiliarias y sobre todo las que venden a extranjeros, se han destruido las montañas a vista y paciencia del MINAE, SETENA, etc pues ese es el supuesto progreso que usted defiende. Costa Rica verde, la nación ecológica ese era el camino para el turismo nacional. No ser una burda imitación de Cancún o Acapulco.

Son los intereses de los político-empresarios de turno los que nos tienen en el atraso del transporte. Se eliminó el ferrocarril en lugar de modernizarlo para favorecer a los traileros. En cuanto a Caldera y su tan sonada carretera no se cual sea la razón de que se haya postergado su construcción. Recuerde que ALTERRA ha sido una de las peores negociaciones para el aeropuerto Juan Santamaria pues han incumplido con su parte, irrespetado el pago de multas y ahora pretenden dársela a otro grupo sin experiencia en este campo.

Yo personalmente he puesto denuncias de contaminación sónica pues en San José se está haciendo imposible vivir en paz con la cantidad de alarmas sea de carros o edificios, si a eso le agregamos la atrasada costumbre de reventar pólvora desde tempranas horas de la madrugada con cualquier pretexto. El comité patriótico al cual pertenezco ha presentado la denuncia de la contaminación del Río Ocloro que ha sido en los últimos años una cloaca abierta. La ministra de salud nos ha contestado y esperamos que le de seguimiento al caso.

De Panamá le señalo dos cosas, el pueblo es muy diferente. Es capaz de movilizar el país con sus huelgas. Han tenido todo tipo de gobiernos incluyendo el de Noriega,involucrado con el narcotráfico y donador en campañas presidenciales de Costa Rica. Panamá tiene el lavado de dólares más sonado del área. Ignoro las fuentes suyas para decir que Panamá protege el ambiente cuando están a la venta sus islas a precios regalados, donde expanden el canal volándose la naturaleza para que puedan pasar una minoría de buques que requieren esa ampliación, favoreciendo a algunos desarrolladores.

¿Cuál es el desarrollo que deberíamos tener? Desarrollo como el chileno donde el PIB aumenta siendo la máscara que los neoliberales ponen de ejemplo, pero el ingreso per-capita disminuye (sobre todo en zonas rurales) haciendo que la distribucion de la riqueza sea cada dia más desigual. Esto es producto del modelo de desarrollo incentivado por la gran concentracion de capitales en beneficio de las multinacionales (tecnología, hotelería, etc.) En República Dominicana con los desarrollos hoteleros monumentales de Punta Cana, y Bávaro, comunidades cerradas a los dominicanos promedio, como La Romana donde los pobladores han vendido sus tierras de cultivo o en las que ofrecían una opción de turismo ecológico y ahora son empleados pésimamente pagados por las transnacionales hoteleras.

Como descendiente de suizos y con conciencia ecológica le pido que investique más antes de atacar a quienes defendemos el país y amamos la naturaleza. El mito de la Suiza centroamericana es como decir que en Costa Rica vivimos en una democracia.



Sol Fernandez-Val

Ecologista

CONFERENCIA DE PRENSA EN ASDEICE SOBRE EL MAGISTRADO SOSTO Y MÁS PARTE 2

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